Primer vuelo a torno
Ya os habréis imaginado que no se trata del primer vuelo que se hace a torno en Noruega, eso sería para el libro de los "Guines", pero, lo que si que es cierto es que lo que ha pasado esta tarde-noche, es también para el susodicho libro. Efectivamente, se trataba de un vuelo en Noruega, si si aquí en el campo de Starmoen, donde se celebra, por si alguno no lo sabe todavía, el campeonato mundial de vuelo a vela. Pues, en ese campo y a las nueve de la noche, hoy el día más largo del año, he realizado un vuelo, mi primer vuelo a torno.
¿Que, que he sentido? Pues creo que todavía no lo sé, no lo tengo muy claro, el vuelo ha sido muy bonito, es espectacular ver este país desde aire, y más impresionante, ver la cantidad, no de árboles sino de bosques, que hay en este país. He descubierto lo buenos y valientes que son los pilotos del campeonato porque hace falta estar muy seguro, muy alto, y quizás un poco "loco" para aventurarse a hacer un fuera de campo, ¿Donde?, ellos dicen que hay prados para hacer outlanding como dicen por aquí, eso si con grajeros enfadados secuestradores de veleros, pero la verdad es que yo los he visto desde el aire, y haberlos haylos, como as meigas. Pero no os hacéis una idea de lo pequeños que se ven al lado de los bosques.
Bueno empezare por el principio, primero estuve meditando si volaba o no volaba, claro que podía más el Si que el no, ya se sabe ¿Cuantas oportunidades voy a tener para volar con un planeador sobre Noruega? y claro la respuesta es evidente, si se te presenta una sola oportunidad aprovéchala, porque claro a saber cuando vuelve otra. Por otro lado, no se, me da miedo... y ¿si me da un ataque de claustrofobia?, ¿o vértigo? y claro está vuelas con un instructor, ¿pero... sabrá volar? es evidente que si, pero claro tu no lo conoces y no le has visto volar en tu vida, ¡a saber que hace!, ya habréis averiguado después de leer todas estas elucubraciones que lo del vuelo a vela no es lo mío, o por lo menos como piloto. A ver, que me desvió del tema estábamos en que ya me había decidido a volar, entonces empezó la espera, no fue muy larga pero en esos momentos a mi me pareció eterna. Me recordaba, a cuando tenía un examen y estaba esperando a que empezara, lo que quería era que empezase cuanto antes mejor, para quitarme el miedo escénico y además cuanto antes empezase antes acababa. Bueno pues aquí se volvieron a repetir todas esas sensaciones, ganas, impaciencia, miedo a lo desconocido, ilusión... y un montón más. Pasados unos minutos me dice uno de los instructores con una sonrisa en la boca como si me conociera de toda la vida:"Sylvia, your turn" supongo que era porque le había hecho gracia la mezcla de miedo e ilusión que tenía mientras esperaba. Así que dicho y hecho. Me levante del campo y camine hacia el velero, que por cierto era un "super planing" (Super Blanik) o como rayos se diga. Me metí en la cabina, que me pareció muy amplia y me ate bien; La verdad es que resultaba un poco cómico llegar hasta el velero con muleta y luego meterme y dejarla fuera. En ese momento pensé "y.. si hacemos un outlanding de esos, ¿yo como me muevo?". A lo que íbamos, una vez dentro me ayudaron a atarme y me acercaron los pedales. Si, debido a mi gran estatura, no llegaba ni por asomo a ellos. Una vez preparada para mi gran aventura, el instructor, amo y señor del vuelo, me pregunto como me llamaba y si estaba lista, claro está, el también se presento. Una vez echas todas las presentaciones como personas civilizadas, cerramos la cabina y engancharon el cable del torno. Os podéis imaginar que no faltaron todos esos comentarios jocosos que se hacen en esos momentos de tensión como: ¿te has despedido de....? o ¿has dejado las llaves del coche a alguien?, ten encuenta que tienes que volver porque tenemos que cenar, o ¿te has acordado de hacer.... ? Por si acaso no vuelves y no puedes... en fin todas esas cosas que se dicen para animar a la cabeza de turco. Una vez enganchados y siguiendo todos los consejos que me daban los sabios pilotos que forman el equipo nacional de vuelo a vela, me pregunta el instructor si estoy preparada, a lo cual no se me ocurre otra cosa que preguntarle si puedo gritar si tengo miedo. Cuando se le pasó al buen hombre el ataque de risa, me dijo que si, que no había ningún problema, que estaba permitido. Ahora es el momento en el que todos me estáis criticando por lo inútil, cobarde, miedica y más cosas que no puedo dejar por escrito aquí. Pero, no os olvidéis que era el segundo vuelo de mi vida y el primero a torno. Bueno pues una vez aclaradas todas las cuestiones se puso el torno en marcha, y la cuerda empezó a tensarse y de repente... un tirón, todo esto fue mucho más rápido de lo que yo tardo en escribirlo y también mucho más de lo que vosotros tardáis en leerlo. En un segundo, sentí terror, pavor, pánico, era como si me hubieran engañado y en vez de en un velero me hubiese subido a una montaña rusa. Sentí... no se, supongo que la cara de pánico que tenía debía ser de impresión, según me dijeron al volver a pisar tierra firme, me vieron el resto del equipo, y todos los noruegos presentes la cara de terror que tenía, pero os tendréis que fiar de lo que os cuento porque no hay ninguna fotografía de ese momento, según me han dicho, han hecho todo un Voc. De la espera, preparación, despegue y aterrizaje. Espero que Jorge en su afán de seleccionar fotos no elimine todas y pueda tener constancia de este vuelo. Sigo, el velero se pico hacia arriba para ascender, bueno, no se si esta expresión es técnicamente correcta pero os aseguro que físicamente lo es. Ahora el tirón era más suave y yo empezaba a revivir, entonces alcanzados los nosecuantos metros oigo un ruido seco, el planeador se queda clavado medio segundo y de repente se hunde un poco, mi sensación fue que era más que un poco. Ahí fue donde yo recordé las enseñanzas de cuando era pequeña. ¿Os acordáis que cuando éramos pequeños y nos iban a hacer algo que dolía, te decían tu sopla fuerte y vas a ver como ni te enteras?. Bueno pues parece una estupidez, pero con eso distraes a tu cerebro de aquello que le preocupa y le da miedo. Y os aseguro que funciona. Pensé tienes que disfrutar al máximo, así que olvídate de todo y empecé a soplar, rápidamente se me pasó, y me relajé. Entonces fue cuando empecé a mirar, todo desde el aire se ve distinto, es otra perspectiva de la vida, y muy bonita por cierto, estas lo suficientemente alto para verlo todo y lo suficientemente cerca para ver que es exactamente lo que hay. Vi los bosques, y que os voy a decir espectaculares, mucho más impresionantes que desde tierra, vi pequeñas granjas donde habitan los farmer enfadados, vi también el río más grande de todo noruega, lagos y lagunas, el campo donde estaban todos los veleros preparados para mañana, parecían maquetas de juguete de plástico para niños pequeños, y como decía el instructor que iba conmigo, bueno realmente me llevaba, los remolques parecían pitillos.
Estuvimos un ratito en el aire, una vez superado el susto me pareció pequeño, y nos preparamos para aterrizar. El aterrizaje fue de lo más suave, cuando me quise dar cuenta, ya estaba en el suelo rodeaba de todos los demás que me preguntaban como me había ido. El vuelo, he de confesar, fue un subibaja que probablemente no sea digno de llamarse vuelo ya que estuve cinco minutos, fue muy bonito, el instructor muy amable que me iba haciendo de guía turístico contándome que era lo que veía.
Confesaré que en el momento del despegue en ese segundo de terror di un grito, aunque muy pequeño, fue tan débil que ni siquiera puedo escribir que lance un grito, porque no se si quiera si se le podría llamar así, grito. Una vez en tierra y con una sonrisa en la boca, porque el minivuelo fue precioso y valía la pena hacerlo descubrí que el instructor que me llevaba era bizco o tuerto o vaya usted a saber que, vamos que un ojo miraba a San Sebastián y el otro a Estocolmo, en ese momento pensé que si lo llego a haber descubierto antes demeterme al velero, no lo hubiera hecho, porque ¡a saber donde mira! y que árboles está teniendo en cuenta que están ahí.
Como veis, por el módico precio de 100 Ñoquis, he disfrutado de dos experiencias nuevas, y además tendré otra batalla que contar el día de mañana o no tan lejos, simplemente la semana que viene cuando volvamos a casa.
Sylvia.