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Desde que el hombre habita en la faz de la tierra un ánimo de superación ha sido el hilo conductor de su existencia. Primero fue el fuego, después llegaría la rueda pasando por un sinfín de inventos hasta llegar a la más alta tecnología del siglo XXI. En este proceso de evolución, el ser humano consiguió hacer realidad uno de los sueños que parecía inalcanzable: volar.
Una vez dominado el pilotaje, se buscaron nuevas dimensiones al hecho de volar. El hombre quería experimentar más sensaciones en el aire y no tardaría demasiado en demostrarlo. De esta manera nacería el vuelo acrobático.
Este acontecimiento se celebró en las cercanías de la capital gala, concretamente en Vicennes entre el 9 y el 10 de junio del año señalado. Nueve fueron los participantes representantes de Alemania, Checoslovaquia, Gran Bretaña, Italia y Portugal y el ganador se llevó un premio de cien mil francos. Este acontecimiento acaparó la atención de la sociedad parisina y unas 150.000 personas acudieron a presenciar la competición. El primer día constó de un programa obligatorio de vuelo de ocho minutos; el segundo, el piloto tenía libertad para demostrar su destreza y elegir entre 87 maniobras aquellas que mejor dominara.
La segunda cita mundialista tuvo como marco los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. El vuelo acrobático estaba incluido en el programa de las olimpidas aunque realmente tuvo el carácter de deporte de exhibición y sólo fue olímpico el vuelo a vela. En el aeropuerto de Tempelhof se desarrollaron varias competiciones: acrobacia, una carrera de globos y un rally aéreo. En la pimera modalidad y dentro del programa obligatorio destacó el alemán Willi Stor, aunque se tuvo que conformar con el sexto puesto en los ejercicios libres donde dominó su compatriota Grab Otto von Hagenburg pilotando su Focke Wulf Fw44 Stieglitz (Goldfinch). Dos checos escoltaron al alemán en el podio, Siroky y Novak ambos con una Avia Bal22. El dominio germano en el aire se demostró también en la categoría femenina. La organización diseñó una prueba especial para las féminas con la victoria de la alemana Vera von Bissing, a los mandos de un Messerschmitt M35.
Aparte de su dominio de la acrobacia, Aresti fue el impulsor de una reglamentación para evitar la subjetividad de los jueces. Su Diccionario Aerocriptográfico le valió la medalla de oro de la FAI. Estas normas se siguen aplicando en nuestros días. Aresti y Castaño, dos hombres de altos vuelos La ciudad natal de Aresti, Bilbao, albergaría en 1964 un Mundial donde nuestro país acudió con un Equipo Nacional de Vuelo Acrobático (ENVA). El relevo de José Luis Aresti lo tomó un joven capitán, Tomás Castaño, a la postre, campeón del mundo.
Similar destino tuvo Tomás Castaño. Piloto militar de profesión destacó en el ejército y consiguió nuemrosos méritos. En 1963 se incorporó al equipo nacional que preparaba los III Mundiales de Acrobacia Aérea, un año antes de su triunfo en Bilbao. Tras una vida dedicada a la aviación, falleció el 14 de junio de 1982 víctima de una grave enfermedad.
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