El ala delta fue el primer artilugio con el que el hombre trató de volar, no obstante, es una de las más recientes especialidades entre los deportes aéreos. El pionero entre quienes se lanzaron colina abajo sustentados por una primitirva ala delta se considera que fue Otto Lillienthal quien, a finales del siglo XIX realizó con éxito más de un millar de vuelos.

Alboreaba el siglo XX cuando dos hermanos que se dedicaban a fabricar bicicletas en los Estados Unidos, Wilbur y Orville Wright, considerados los inventories del avión, lograban alzar el vuelo con un ala delta que lanzaban en las dunas de arena de Kitty Hawk, en Carolina del Norte. De hecho, su primer aeroplano fue un ala delta "Wills Wing Fusion" a la que acoplaron un motor.

La evidente utilidad del vuelo propulsado mecánicamente logró que durante años, todos los esfuerzos de la inventiva humana se dirigieran por ese camino, relegando al baúl de los recuerdos a la humilde ala delta, a la que no se hallaba ninguna aplicación civil ni militar interesante.

El vuelo sin motor se revitalizó como deporte al término de la I Guerra Mundial y eso ocurrió en Alemania. El país, derrotado en el conflicto bélico, tuvo que aceptar las condiciones impuestas en el Tratado de Versalles, que le prohibían cualquier tipo de desarrollo de aviones con motor. Los pilotos entrenados durante la guerra encontraton en el vuelo sin motor una válvula de escape que pronto imitaron muchos civiles.

Con el desarrollo de la tecnología los viejos artilugios que se lanzaban corriendo colina abajo, evolucionaron rápidamente y los vuelos de unos pocos minutos fueron convirtiéndose en paseos de horas y los cientos de metros, en decenas de kilómetros, pero el camino que se seguía era el de los veleros reemolcados por un avión, no el autoimpulsado, que se abandonó por completo.

Pasaron los años, hasta que hacia 1964, un ingeniero noreamericano, Francis Rogallo, inventó un nuevo tipo de las sumamente simples. Eran unas velas que partían de un esqueleto central muy liviano que tenían la forma de la letra delta griega, de la que recibiría el nombre. Sus modelos pueden verse aún en el museo que la Fundación Rogallo mantiene en Outher Banks (Carolina del Norte).

Rogallo buscaba fabricar un tipo de avión tan ligero y barato que estuviera al alcance de cualquier bolsillo. Curiosamente, su prototipo interesó a la NASA, que pensó en utilizarlo par ala reentrada de las naves del proyecto Mercure en la atmósfera terrestre, dada su aerodinámica.

Pero el diseño fue visto de otra menera por distintos ojos, y no tardó en aparecer el hombre que intuyó las posibilidades del ala delta como forma de esparcimiento deportivo. La simplicidad del diseño que convertía en sencilla su fabriación, lo apacible del vuelo y la suavidad del aterrizaje abrieron las puertas para un nuevo deporte.

En 1973, los hermanos Wills (Bob y Chris) crearon la Wills Wing, una empresa que se dedicó a fabricar alas delta. Y es obligado reconocer que pusieron todo su cariño y entusiamo en ello. Sus alas voladoras obtuvieron un éxito inmediato y Chris ganó ese mismo año el primer campeonato de los Estados Unidos para alas delta, por delante de Bob. Un año más tarde, los hermanos volvieron a copar las dos primeras plazas, aunque invirtiendo su orden de llegada.

Las alas del los Wills siguen vendiéndose masivamente hoy en día, pero los hermanos no permanecieron allí. Chris abandonó la empresa para estudiar Medicina en 1976 y bob encontró una trágica muerte en un accidente durante una filmación en 1977. En los años transcurridos, la competencia ha sido grande y priliferaron los constructores del más barato de los artilugios que permiten al hombre emular a las aves.

Ese mismo año s disputó ya el primer campeonato del mundo masculino y en 1987 se unierón las mujeres a la competición del más alto nivel.